El miedo es libre y más aún el de nuestros pacientes

En la práctica clínica no es raro encontrar algún paciente consultando por una enfermedad banal, sin embargo acude al médico con miedos de sus síntomas que en un inicio pueden parecer infundados pero para el paciente quizás no lo sean.

Entramos en un juego (por desgracia muchos médicos olvidan) y es el hecho de que cada sujeto (incluidos los profesionales sanitarios) tienen una serie de vivencias o experiencias que conforman una realidad interna de cada individuo producto de acontecimientos vividos. Lo que para algunas personas es blanco para otros es negro y esto los médicos debemos tenerlo en cuenta, entenderlo y asimilarlo para un buen desempeño al establecer una relación médico-paciente adecuada.

Para ser más claro con lo explicado, me refiero a que todos los seres humanos poseen ideas, percepciones, conocimientos y niveles culturales distintos.

Un ejemplo, que tal vez es común y me ha pasado en un par de ocasiones: Paco (nombre ficticio) consulta por un dolor leve en el hombro derecho, una vez atendido le diagnostico un problema osteotendinoso, pero el enfermo un tanto dudoso no lo veo conforme con el diagnóstico y tras hacer una exploración (no física, sino en la entrevista) un poco más profunda me revela que un tío tuvo un infarto cardiaco que había empezado por un dolor en el brazo. Claro ante esto, el miedo de Paco cobra algún sentido para él, cuando acude a la consulta y cuenta los síntomas va con el pánico de que es un infarto (percibido así desde su realidad aprendida) es nuestro trabajo quitarle ese temor, de lo contrario irá a otros médicos o hasta la misma urgencia hasta que alguien se lo aclare.

Otra anecdota que recuerdo fue una señora aquejada de dolor lumbar con síntomas y exploración física compatibles con una contractura de los músculos paravertebrales, estaba aturdida porque un familiar de ella que tenía “dolores en la espalda” de repente tuvo problemas para la marcha y resulta que tenía un tumor maligno.

Tras estos dos ejemplos comprobamos que el miedo es un derecho de todo el mundo y la salud es un tema muy sensible para la población en donde una buena comunicación para lograr una entrevista clínica es clave en el proceso diagnóstico, pero no sólo de la enfermedad, sino irnos un poco más allá, establecer un diagnóstico de la situación y realidad de nuestro paciente, ya que en ocasiones nos preocupamos por poner etiquetas de enfermedades olvidando que si el paciente sigue con sus temores ni siquiera será capaz de tener una buena adherencia al tratamiento pautado.

El miedo representa diferentes grados de magnitud dependiendo al tipo de persona que le ataque y el mismo es el motivo fundamental de que muchos pacientes acudan a un médico cuando realmente no tienen nada orgánico grave, sino simplemente miedo o desconcierto. Me atrevería a establecer el miedo como un motivo de consulta “oculto”, porque normalmente el paciente no expresa sus temores verbalmente, sino que lo manifiesta con la forma de preguntar, actitudes y gestos faciales (por eso es importanto mirar de vez en cuando a la cara de nuestro enfermo).

En definitiva, tenemos que saber lidiar con los temores del paciente porque en múltiples oportunidades estará presente siendo parte de nuestra labor saber manejarlo y conducir una entrevista que además de los fines diagnósticos también incluyan tratar de reducir el miedo.

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