Lo que en ocasiones olvidamos de un paciente

imagesDebo admitir que muchos médicos nos cegamos a la hora de evaluar un paciente, centrándonos sólo en información puramente médica.

Estamos cargado de pura información sanitaria: datos epidemiológicos, fisiología, patogenia, métodos diagnósticos y tratamiento de enfermedades. Y aunque varios libros de medicina abordan el tópico de que se debe tomar en cuenta el estilo de vida del paciente, no muchos médicos asimilan muy claro dichos textos.

Generalmente vemos un paciente, atendemos sus síntomas; nos empeñamos en muchas ocasiones en diagnosticar una patología, aplicar un tratamiento, y hasta ese punto llegamos. Pero nos olvidamos sobre cual será el destino del paciente una vez les damos “el alta” de nuestra consulta: en que aspecto se modificaría el estilo de vida de la persona por la enfermedad o tratamiento aplicado, la afectación emocional de la familia y la función cuidadora que tendría los seres queridos, entre otros aspectos.  A pesar de que lo tomemos en cuenta es difícil entenderlo de modo tan fiel.

He tenido la oportunidad de pasar un tiempo por un equipo de atención médica domiciliaria, cuya función y objetivo principal es el cuidado paliativo de una persona con enfermedad crónica y simultáneamente ayuda a que el enfermo sobrelleve la patología lo mejor posible. Hago la salvedad que no todos los paises cuentan con este tipo de equipos médicos y enfermería (una desgracia, claro está).

Mi paso por este equipo de profesionales de atención domiciliaria me ha terminado de abrir los ojos para apreciar “el otro lado de la moneda” de la evolución de un paciente. Es decir, hablando franco: el médico ve al enfermo en el hospital, le pauta un tratamiento y como mucho le da una cita de revisión. Pero con la atención domiciliaria se llega más a fondo: se acude al hogar del paciente, se valora si el tratamiento ha tenido resultado, se percibe que impacto ha tenido la patología, o tratamiento indicado y como todo estos factores intervienen en sus actividades diarias (dificultad para compartir con sus seres queridos, por ejemplo).

Como médico llegas al domicilio a ver un paciente, tal vez te fijas en las fotos de su familia, empiezas a analizar sobre su pasado y te percatas que ese enfermo postrado en cama tuvo momentos felices y de buena habilidad. Esto te abre la sensibilidad para entender que aunque esa persona esté en fase terminal (se va a morir inevitablemente), siempre se puede hacer algo: mejorar el dolor, haciéndoles entender al paciente y familiares en que consiste la enfermedad, su curso y pronóstico y apoyando una muerte digna.

Por último, de forma lastimosa se aprecia en el medio hospitalario que muchos médicos cuando consideran que “no hay más nada que hacer”, le dan la percepción al enfermo y familiares de que se quedarán solos y esto puede ser muy deprimente.

¿Y usted qué opina? Sería un placer recibir sus comentarios

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