Buenos días Doctor…

Todo inicia igual día tras día. Me levanto temprano alrededor de las 7, me ducho, lavo los dientes y luego de vestirme y tomar un buen desayuno marcho hacia el Hospital (lugar de mi trabajo habitual).

Al llegar los compañeros del trabajo me reciben siempre con saludos y sonrisas. Es inevitable pasar por alto frente a Alejandro, que frecuentemente me entabla un tema rutinario de conversación: “Anoche no pude dormir porque el vecino de al lado escuchaba muy alto la radio”- me empezaba a comentar. Por más que a veces me proponía cortarle la plática me era imposible en ocasiones ya que no paraba de hablar.

Lo usual era que se me acercara una de las enfermeras y me dijera: “Ya tienes dos pacientes esperando”. A la cual yo sin demora le respondía que me pasara al primero a la consulta. Hoy, el primer paciente venía con una cara de agobio por tener mucho dolor.

-No puedo caminar, me duele mucho la pierna ¡así que mire a ver que hará doctor, así no puedo estar!- expresa.

-Que forma de iniciar el día- pienso en mi interior-. Ya asimilaba que el paciente se mostraba un poco agresivo e inconforme con algo en la vida, lleno de expectativas de que los médicos somos magos.

Lo primero que intenté fue en tranquilizarle, expresándole que tendría la mejor intención en intentar resolver el problema, que por favor me explicara más detallado en que consisten los síntomas (cuanto tiempo lleva con el dolor, por ejemplo). Fui educado, me presenté por mi nombre, le invité a sentarse y una vez recopilada la información de lo sucedido le indiqué que se acostara sobre la camilla para explorarle mejor.

Mientras le exploraba recuerdo haberle conversado sobre algo trivial y por fin pude lograr sacarle una sonrisa. Luego le explico detalladamente lo que me parece puede estar ocurriéndole y le instauro un tratamiento. El paciente se mostró de acuerdo y concertamos una nueva cita para unos días para ver si la medicación hizo algún efecto.

Menos mal que en este paciente, aunque su entrada fue un poco escandalosa, con dedicarle unos minutos explicándole las cosas, ser educado y cortés, el rumbo del dialogo se fue suavizando hasta poder llegar a un acuerdo con el hombre.

No me gusta cuando un paciente entra a mi consulta hablando en tono agresivo, porque lidiar con esas situaciones se puede convertir en una tarea complicada. Así vivimos todos los días, tratando de resolver lo que podría ser sin solución. Esto es un reto, porque los pacientes vienen llenos de sorpresas, pero con el tiempo se aprenden habilidades y sin darte cuenta de forma espontanea llevas una consulta fluida a pesar de los temperamentos distintos encontrados.

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