Una historia sin resolver en República Dominicana: La delicuencia, triste realidad

robo

De la primera forma que reaccioné fue mirar por el espejo retrovisor al sentir el gran golpe que impactó contra mi vehículo. Rápidamente me desmonté a observar los daños ocurridos. El infractor se bajó acompañado de otra persona y sin titubeos sacaron sus pistolas y la apuntaron directo a mi cabeza y sólo exclamaron: “Esto es un asalto, dame todo tu dinero, y la llave del carro”.

Quedé anonadado, mi mente en sólo segundos empezó a perderse entre neblinas que opacaban mis pensamientos y alternativas de poder salir vivo de esta situación. Yo de forma instintiva respondí: “¿Cómo qué es un asalto? Pero no les daré nada”. Ellos se acercaron a mí, y después de decirme violentamente que me callara, me dieron un gran golpe con el arma en la frente dejándome con el inmenso dolor que cualquier ser humano podría sentir después de un golpe así.

Luego de este horrible encuentro, vi como ambos abordaban mi coche y emprendieron la huída. A medida que se alejaban pasaba por mi cabeza los recuerdos de todos los momentos difíciles que enfrenté para poder llegar al estatus que he alcanzado. Recuerdo que tanto sacrificios hice para poder comprar ese carro. Cuantas malas noches, desvelos y cuanto trabajo costó el mismo.

Sentí una impotencia interna, como si estuviera preso sin poder moverme. Es que me era duro pensar que me fui de mi hogar en carro y volveré usando transporte público. Y ni pensar avisarle a la policía pues tenía temor de que formaran parte de la misma banda.

Lamentablemente la situación del país en donde vivía se ha visto deplorable y con un auge criminal en los últimos años gracias al aumento vertiginoso que experimenta la corrupción en todos los estratos sociales. Ya no se sabe quienes son los buenos y los malos. No contamos con un respaldo tan fiel de las autoridades, y el miedo ha invadido nuestra libertad de andar por las calles.

Mi decepción se profundiza cada vez que veo en las noticias un militar de alto rango involucrado en narcotráfico, policías jefes de banda delictivas, y funcionarios dueños de la corrupción. ¿Qué ha pasado con la dignidad humana? No me alegra saber que la desesperación por “dinero fácil” y la ambición por poder mueve a las personas a matar, robar, engañar, ultrajar y maltratar al prójimo. Por favor que alguien me explique cuando surgieron los derechos de un ladrón a robar lo que no trabajó, de un funcionario a sustraer los impuestos del pueblo, y de un asesino a quitar la vida que Dios nos dio y es el único que decide el paradero de la misma.

Ya mi vehículo debe estar saliendo de esta ciudad con esos dos delincuentes. Lo más lamentable del caso es que muy probablemente con ese coche matarán a alguien, asaltarán algún otro lugar y tal vez alguna otra persona tenga una tragedia peor que la mía (al menos no perdí la vida).

Sólo queda seguir trabajando y luchar para avanzar a lo largo de nuestras vidas.

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