Catarsis Momentánea

Claro que si, recuerdo ese momento casi como si fuera ahora. El olor a madera que apoderaba el ambiente de ese perfume que solía usar mientras escribía como un loco todos mis desahogos porque no sabía a quien reflejarle mis inconformidades y emociones.

Entonces es ahí que notaba como fluían sin esfuerzos las palabras que me ayudaban a expresarme en el papel. Me encantaba lo platónico, el amor y las pequeñas sensaciones las transformaba en un drama escénico merecedoras de un premio Óscar. Vivía la vida a expensas de todas las ilusiones que podía envolver a un ser humano a tal forma que cuando escuchaba cualquier melodía que me fascinara provocaba el vuelo de mi imaginación.

Pasaban delante de mí todos esos momentos preciosos que me brindaba la vida (y que aún me siguen ocurriendo), las grandes fortunas de las que soy dueño a pesar de los malos momentos que he tenido que vencer para seguir en el mundo: la verdad, no me arrepiento y puedo decir que soy feliz.

Disfrutaba hasta la lluvia que traía la nostalgia a mi alma, y la melancolía que se acercaba sin avisar me enloquecía. Aunque para muchas personas esto no era normal, no me importaba porque sentía que estaba “viviendo” todos los momentos que la vida te trae sin omitir nada.

Esos viajes reflexivos a la playa, tumbarme sobre la grama en aquel enorme jardín, aquella forma de huir del día a día con mi música por dentro, a mi ritmo sin importarme que opinaran los demás sólo importándome el disfrute pleno de mi alma. Y ahí te das cuenta que en este mundo estamos de paso con un cuerpo prestado y una vista periférica que tienes que tratar de abarcar lo que puedas.

Ahora despierto dándome cuenta que lucho diariamente con el teclado porque no sé que rayos escribir cuando hace unos años la inspiración me brotaba por las venas. Ahora despierto dándome cuenta que la madurez de mi persona ha conllevado a mostrarme menos sentimental, a echar a un lado la cursilería que muchas veces nos hace amable. ¿Qué carajo me está pasando? me pregunto en ocasiones. Debo tratar de no perder al menos el arte de escribir que tanto me gusta con lo cual me ayudaba a reflexionar muchas de las situaciones del diario vivir y de pensar las cosas en “frio” y además de deleitarme con un ejercicio tan sublime como lo es la escritura.

Con esto me despido, sólo con una pequeña catarsis momentánea de mi mente y espero romperme el hielo para arrancar escribir de todo lo que se me ocurra.

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